El "multilateralismo a la carta" como estrategia de supervivencia en la implosión del orden liberal
La aparente parálisis de la Unión Europea ante la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, y la consecuente escalada global, no es indecisión ni debilidad moral, sino la manifestación de una estrategia de supervivencia calculada: el "multilateralismo a la carta". Europa no sacrifica principios por unidad interna; reconfigura su rol en la geopolítica del capital, priorizando la cohesión del bloque como un ajuste espacial necesario para su propia acumulación en un mundo donde la hegemonía estadounidense se desintegra y la multipolaridad conflictiva se asienta como nueva normalidad.
La migración del capital y la fragmentación del consenso atlántico
El ciclo de acumulación de capital, según la tesis de Giovanni Arrighi en "El largo siglo XX", se encuentra en una fase de expansión financiera terminal, donde la hegemonía estadounidense, ya debilitada, se precipita hacia su declive. La guerra en Oriente Medio, y la guerra comercial de Trump contra China, con aranceles del 145%, representan la violenta reconfiguración de los flujos de capital. Europa, semiperiférica en su dependencia energética y tecnológica, se ve obligada a una "acumulación por desposesión" interna y externa para asegurar su propia viabilidad. La Doctrina Donroe y la disolución del "Día de la Liberación" de Trump pulverizan el consenso atlántico, forzando a Europa a una realpolitik que Robert Keohane, en "After Hegemony", preveía como una adaptación de la cooperación internacional ante la ausencia de un hegemón claro. La unidad interna europea no es un fin romántico, sino el capital fijo necesario para proyectar una influencia selectiva en un tablero global donde los centros de acumulación se desplazan hacia el Este, y el capital móvil busca refugio o nuevas oportunidades fuera de la órbita atlántica.
Europa como semiperiferia estratégica: el ajuste espacial de la unidad
Desde la perspectiva de David Harvey, la Unión Europea, como un bloque económico y político, enfrenta la contradicción entre el capital fijo invertido en su infraestructura y sus instituciones, y la necesidad de un capital móvil que le permita adaptarse a la dislocación global. La "unidad interna" que Europa persigue no es un valor abstracto, sino un ajuste espacial crítico. En un sistema-mundo wallersteiniano, Europa ha funcionado como una semiperiferia privilegiada, mediando entre el centro hegemónico y la periferia. Ahora, con el centro hegemónico estadounidense en crisis y China ascendiendo, Europa debe redefinir su posición. El "multilateralismo a la carta" es la manifestación de esta redefinición: una selección pragmática de alianzas y compromisos que le permitan mantener su acceso a recursos, mercados y tecnología, evitando ser arrastrada por los conflictos directos entre las grandes potencias. La acumulación por desposesión se manifiesta en la internalización de costos energéticos y la pérdida de mercados tradicionales, lo que obliga a una reorientación productiva y comercial que, sin una unidad de acción, sería inviable. La coherencia de valores externos se convierte en un lujo insostenible cuando la supervivencia del bloque está en juego, evidenciando la primacía de la lógica del capital sobre cualquier pretensión normativa.
La crisis orgánica y la construcción de una hegemonía interna "a la carta"
La situación actual de la Unión Europea puede interpretarse, siguiendo a Gramsci, como una crisis orgánica, donde la vieja fórmula de hegemonía basada en el consenso liberal-democrático y la dependencia atlántica ya no funciona. La "unidad interna" se convierte en el nuevo bloque histórico en construcción, un intento desesperado por forjar una hegemonía propia en un contexto de fragmentación. Los intelectuales orgánicos de Bruselas no promueven un idealismo europeísta, sino la necesidad de una "realpolitik" que Jürgen Habermas, en "The Postnational Constellation", no llegó a prever en su ideal de una esfera pública transnacional. El "multilateralismo a la carta" es la expresión de esta hegemonía pragmática: una narrativa que justifica la selectividad en la acción exterior como una fortaleza, no como una debilidad. Esta flexibilidad estratégica es, en realidad, la adaptación a la pérdida de capacidad del centro para imponer un orden global coherente, permitiendo a Europa maniobrar entre los bloques emergentes, priorizando su propia estabilidad económica y política sobre cualquier pretensión de liderazgo moral global. La pregunta persistente es si esta "unidad a la carta" puede sostener la cohesión interna cuando las presiones externas se intensifiquen, o si es el preludio de una fragmentación aún más profunda.
El dilema de la autonomía: entre la periferia estratégica y el nuevo centro
La Unión Europea, atrapada entre la Doctrina Donroe que la excluye de la influencia hemisférica estadounidense en América Latina y la creciente arquitectura hegemónica de China, se enfrenta al dilema de su autonomía. El "multilateralismo a la carta" no es un signo de fortaleza, sino la evidencia de su posición estructural como una semiperiferia que busca evitar ser subsumida por los nuevos centros de poder. ¿Podrá Europa, mediante esta estrategia de adaptación pragmática, consolidar una posición de influencia real en el nuevo orden multipolar, o terminará siendo un mero espacio de tránsito y ajuste para el capital global, sin capacidad para proyectar una visión propia más allá de su supervivencia inmediata?
