El fin de la hegemonía barata: cuando el capital busca refugio en el desierto
La aparente "indiferencia" de los estados del Golfo ante la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán no es un capricho diplomático ni una muestra de debilidad, sino la manifestación más palpable de un cambio tectónico en la geografía del capital. No estamos presenciando una mera renegociación de alianzas, sino la reconfiguración de un sistema-mundo que, al entrar en una fase de contracción material y expansión financiera desenfrenada, obliga a los capitales a buscar nuevos anclajes. El Golfo, con sus petrodólares y su creciente capacidad de inversión, emerge como un nodo crítico en esta migración, desafiando la lógica de la hegemonía estadounidense y señalando el agotamiento de un ciclo de acumulación.
La ilusión de la neutralidad: el capital se desvincula del centro en crisis
La confrontación bélica en Oriente Medio, con el petróleo por encima de los 120 dólares, y la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que ha sepultado el libre comercio, son síntomas inequívocos de una crisis orgánica del sistema-mundo. Arrighi nos enseñaría que esta es la fase terminal de un ciclo de acumulación, donde la rentabilidad de la producción material ha disminuido, empujando al capital hacia la esfera financiera en una búsqueda desesperada de ganancias. Los estados del Golfo, sentados sobre la principal fuente de energía del planeta, se encuentran en una posición única. Su "neutralidad" es, en realidad, una estrategia de diversificación de portafolios a escala macro, una desvinculación calculada del centro hegemónico en declive. El capital ya no fluye unidireccionalmente hacia Wall Street; ahora busca oportunidades en la Belt and Road Initiative china, en los fondos soberanos de Abu Dabi o en los proyectos de infraestructuras saudíes. La hegemonía estadounidense, otrora "barata", ahora exige un precio que ni siquiera sus aliados tradicionales están dispuestos a pagar, forzando una reasignación espacial del capital que Harvey describiría como un ajuste fundamental, donde la acumulación por desposesión se manifiesta no solo en la periferia, sino también en la erosión de la capacidad de maniobra de antiguos socios.
El Golfo como semiperiferia ascendente: un nuevo bloque histórico en gestación
La Doctrina Monroe rediviva y la fragmentación del orden liberal no son solo titulares; son la expresión de una crisis orgánica que Gramsci habría diagnosticado como la incapacidad de la clase dominante para mantener su consenso. La hegemonía estadounidense, basada en el dólar, el poder militar y la promesa de un orden liberal, se desintegra. En este vacío, los estados del Golfo, tradicionalmente anclados a la periferia energética y financiera del sistema, están consolidando una posición semiperiférica ascendente. No buscan reemplazar a Estados Unidos, sino construir una autonomía estratégica, un bloque histórico regional que redefine sus intereses más allá de la dependencia unipolar. Esta maniobra implica una acumulación por desposesión de la influencia occidental en la región, desplazando bases militares, renegociando contratos petroleros y forjando alianzas con potencias emergentes como China e India. La "conectividad sin hegemonía" que promueve el Financial Post es, en la práctica, una red de interdependencias donde el capital del Golfo se invierte en el Sur Global, creando una nueva geografía económica que desafía la antigua división centro-periferia. América Latina, atrapada entre aranceles y deudas, observa cómo el capital del Golfo podría ofrecer una vía alternativa, aunque precaria, para su propio desarrollo, lejos de la órbita exclusiva de Washington.
La redefinición de la periferia: cuando el Sur Global busca su propio centro
La aparente "indiferencia" del Golfo no es un fenómeno aislado; es un síntoma de movimientos antisistémicos más amplios que buscan redefinir la estructura global. La emergencia de China como arquitecto de una hegemonía alternativa, la erosión de instituciones como la OMC y la ONU, y la guerra de aranceles, son manifestaciones de una crisis de legitimidad del centro tradicional. El Golfo, al diversificar sus alianzas y capitales, se convierte en un catalizador para que otras regiones de la periferia y semiperiferia, incluido el Sur Global y América Latina, reconsideren sus propias estrategias de desarrollo y alineamiento. La deuda externa y la dependencia tecnológica de América Latina, exacerbadas por la guerra comercial, encuentran en la "Doctrina Donroe" una reafirmación de su posición subordinada. Sin embargo, la estrategia del Golfo de buscar "conectividad sin hegemonía" ofrece un modelo, aunque incipiente, de cómo el capital puede ser movilizado para construir una autonomía relativa. Los intelectuales orgánicos de este nuevo bloque histórico no son los ideólogos del libre mercado, sino aquellos que promueven la soberanía energética, la inversión en infraestructura propia y la diversificación de socios comerciales y financieros. La "indiferencia" del Golfo es, en última instancia, la vanguardia de una reestructuración global donde el capital, en su incesante búsqueda de rentabilidad, está reescribiendo los mapas de poder y dependencia, obligando a cada actor a redefinir su lugar en el sistema-mundo.
