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Entre la Rama de Olivo y el Fusil: Los días de incertidumbre en Washington
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Entre la Rama de Olivo y el Fusil: Los días de incertidumbre en Washington

La Redacción
·29 de marzo de 2026·5 min de lectura

En los pasillos del Pentágono y en las salas de reuniones del Capitolio, la frustración es palpable. Ha pasado un mes desde que la operación militar conjunta entre Estados Unidos e Israel decapitó a la cúpula del liderazgo iraní, eliminando al líder supremo Alí Jamenei y sumiendo a la región en una espiral de violencia. Sin embargo, la pregunta que resuena entre los legisladores republicanos y los aliados árabes sigue sin respuesta: ¿Cómo termina esto?

El presidente Donald Trump ha insistido en los últimos días en que Irán está "siendo diezmado" y "suplicando llegar a un acuerdo". Como prueba, la Casa Blanca ha filtrado la existencia de un plan de paz de 15 puntos, entregado a través de mediadores paquistaníes, que exige el fin del programa nuclear iraní y la reapertura del Estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento de sanciones.

Pero la retórica de paz choca frontalmente con la realidad sobre el terreno. Mientras los diplomáticos hablan de "regalos" y concesiones, el Departamento de Defensa acelera el despliegue de cerca de 3.000 soldados de la 82.ª División Aerotransportada y miles de marines hacia el Golfo Pérsico.

"A todos les preocupa que se convierta en un atolladero en Medio Oriente", reflejando el temor a repetir los errores de Irak y Afganistán.

El costo de la ambigüedad estratégica

La estrategia de Trump parece basarse en la teoría del "loco" (Madman theory) llevada al extremo: ofrecer una salida diplomática mientras se amartilla el arma frente a la sien del adversario. Las sucesivas prórrogas al ultimátum para destruir las plantas eléctricas iraníes —primero 48 horas, luego cinco días, ahora diez— son vistas por algunos como un intento desesperado de evitar un shock inflacionario antes de las elecciones de mitad de mandato. Para otros, es una táctica calculada para dar tiempo a que las tropas estadounidenses lleguen a sus posiciones de combate.

El impacto económico ya es innegable. Con el Estrecho de Ormuz bloqueado, el precio del petróleo ha superado los 112 dólares por barril, y el precio de la gasolina en Estados Unidos roza los 4 dólares por galón. Los mercados financieros tiemblan ante la perspectiva de una guerra prolongada que asfixie las cadenas de suministro globales.

En Teherán, el nuevo liderazgo de línea dura, encabezado por Mojtaba Jamenei, no muestra signos de capitulación pública. Han rechazado el plan de 15 puntos, calificándolo de "maximalista", y exigen reparaciones por los daños sufridos. Sin embargo, la presión interna es inmensa. La destrucción de infraestructuras críticas y la amenaza inminente de tropas terrestres estadounidenses en islas estratégicas como Jarg obligan al régimen a calcular cuidadosamente su próximo movimiento.

El vértigo del abismo

La diplomacia coercitiva es un juego de alto riesgo. Requiere que el adversario crea que la amenaza de aniquilación es real, pero también que la oferta de paz es genuina. Al enviar señales contradictorias, Trump corre el riesgo de que Irán malinterprete sus intenciones. Si Teherán concluye que el cambio de régimen es inevitable independientemente de lo que negocien, no tendrán incentivos para ceder, empujando a la región hacia un conflicto total.

Como señaló un alto funcionario de inteligencia que dimitió en protesta por la guerra: la línea entre presionar a un régimen para que negocie y acorralarlo hasta que ataque con todo su arsenal es peligrosamente fina. Trump está apostando a que puede caminar por esa línea con los ojos vendados. El mundo entero, desde los mercados de Wall Street hasta los civiles en Beirut y Teherán, contiene la respiración esperando ver si tropieza.

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